Hace algunos años encontré el primer libro de una saga que me cambiaría la vida para siempre. El Cementerio de los Libros Olvidados es una serie de cuatro libros que me motivaron dejar la empresa donde me dedicaba a realizar diseños especializados en plotter de corte para convertirme en escritor. La Sombra del Viento fue la primera entrega y fue donde conocí lugares extraordinarios de una vieja Barcelona, personajes entrañables e historias que me marcaron de por vida. Pero lo que hoy quiero contarles es que en un lugar de México, el cual no puedo revelar, existe una especie de Cementerio de los Libros Olvidados. No tan grande como lo describe Ruíz Zafón en sus libros, pero en esencia es similar.

Durante uno de mis viajes por la República para promocionar mi primera novela, una chica de unos 20 años se acercó a mí para felicitarme por el libro y para decirme que ella conocía un lugar como el que describen en La Sombra del Viento. Al parecer conocía mi fanatismo por la saga del escritor español, la cual ella compartía. Le pedí que fuera tan amable de llevarme y aceptó, sólo con la condición de que jamás revelara la ubicación de ésta, hasta que conociera a alguna persona que fuera diga de entrar a dicho lugar. Quedamos de vernos al día siguiente en un punto medio, así que le avisé a mi representante que me tomaría un descanso, a solas. Me encontré con la joven frente a una librería de la ciudad y tomamos un taxi. El trayecto duró unos 45 minutos, al bajarnos de la unidad nos dirigimos hacía una especie de parque, que más hacia el fondo se fue convirtiendo en un bosque. Bajamos por una colina y a lo lejos avisté una puerta de madera. La chica tocó tres veces de forma pausada hasta que un señor nos abrió. “Buscamos un nuevo amigo”, dijo la chica. “Adelante. ¿Ya sabe las reglas?”, preguntó el hombre. La joven asintió y al entrar quedé sorprendido.

Era un lugar que por afuera parecía chico pero por dentro era una gran biblioteca, aunque más pequeña de como imagino el lugar que creo Carlos Ruíz Zafón en su saga. Había libros de los cuales jamás había escuchado, además de que no sólo en nuestro idioma, también en francés, inglés, latín y alemán. Yo revisaba todos y cada uno de los lomos que veía, los acariciaba mientras recorría los pasillos. “Toma el que quieras. Después de leerlo debes regresarlo o si quieres quedártelo debes traer dos libros”, me dijo. Había tanto de donde escoger que creí que me sería imposible decidirme por uno. Pero como si fuera el destino, la luz de una lampara estaba dirigida hacia una esquina donde sobresalía el lomo de un libro que se llamaba ‘La Sombra’ y a su lado otro llamado ‘Viento’. Juntos formaban algo parecido a La Sombra del Viento. Tomé el de viento y así culminó mi visita a una especie de Cementerio de los Libros Olvidados, pero en México.