Desde hace ya muchos años he sido un gamer de hueso colorado, puedo pasar horas y horas frente a la televisión, lo que ha provocado que mis papás, sobretodo mi madre, me pidan que salga más, que sea sociable, pero eso no ha sido un hit para mí. Salgo a algunas fiestas o a tomar una cerveza con los amigos, pero fuera de ello no he encontrado algo que le gane a mi pasión por los videojuegos. Pero el comentario de mi mamá no estaba dirigido a que tuviera más amigos o que saliera a que me dé el aire, sino que desea que yo tenga una novia. Sin embargo, no es algo que me preocupe en demasía, si llega, que bien; si no, ni modo. Mis horas como viodejugador se redujeron cuando en la Universidad tuve que empezar con mi servicio social, el cual hice en una de las naves industriales en México más prestigiosas, así que tuve que echar toda la carne al asador para que en un futuro quieran contratarme formalmente.

Tuve que encontrar nuevas horas para jugar, así que lo hacía un rato entre semana y por las noches, pero sólo una o dos horas, mientras que los fines de semana me dormía hasta la madrugada, por ahí de las cuatro. Fue en esa época cuando conocí a una chica. Estaba jugando Grand Theft Auto Online cuando después de algunas horas, la mayoría de los usuarios se comenzó a salir y sólo quedamos tres. Entre los dos que me acompañaban estaba una chica, a la cual no le presté atención hasta que activó su micrófono y habló. Con un simple ‘Hi’ armonizado con su tierna voz, captó mi atención. Pocas veces uso mi micrófono, pero esta vez no dude en encenderlo y corresponder al saludo. “Hola… digo, hi”, fue mi mágica frase de entrada. Cuál fue mi sorpresa cuando ella respondió. “¡Qué bien, hablas español! Yo también”. Me quedé callado unos cuantos segundos mientras la añadía a mis amigos. Esa madrugada seguimos jugando, incluso muchas otras nos encontrábamos en línea. Después comenzamos a platicar y me dijo que como yo, era mexicana, sólo que radicaba en los Estados Unidos. Yo me encontraba en la Ciudad de México, pero seguimos platicando cada que jugábamos o por whatsapp, hasta que un día decidimos hacer una videollamada.

¡Wow! Era realmente bella. Había seguido en Instagram a varias gamers que eran lindas, pero jamás había conocido una en carne y hueso. Estaba sin maquillaje y aun así era realmente hermosa. El tiempo pasó y después de tres años de conocer a la chica gamer, terminé la universidad y la empresa para la que hice mi servicio social me contrató y me dijo que tenía una vacante en Estados Unidos, San Diego, para ser exacto, mismo lugar que mi chica gamer. Así que le di la noticia y gritó de felicidad. En cuanto me establecí allá, comenzamos a salir y hoy tenemos una relación estable y muy linda. ¿Quién dijo que los videojuegos no ayudan a socializar? También el destino influyó y mucho. ¡Gracias, destino!