Una de las decisiones que más me dolieron pero de la cual no me arrepiento, fue la de no seguir una de las órdenes de mis padres y abandonarlos, dejarlos sin ayuda por algunos años. Recuerdo que mi corazón se hizo más pequeño, sentía como el alma se estrujaba y varias veces pensé en echarme para atrás en la decisión que tomé, pero pensé más en el futuro que podría ofrecerles que en el presente en el que iba a ponerlos en jaque.

Cuando estaba por terminar la preparatoria, la situación en mi casa era precaria, estábamos sufriendo por problemas económicos y yo tenía que ayudar a mi padre en su negocio, donde se dedicaba a la producción y distribución de productos de transporte de carga como flejadoras. Yo me quedaba con él desde que salía de la escuela y hasta altas horas de la noche, para poder dormir un poco y al día siguiente ir a la escuela. Pero yo tenía el sueño de estudiar una ingeniería, una que no estaba en ninguna de las universidades de mi ciudad, por lo que si quería hacerlo debía irme a la Ciudad de México. Mis padres no estaban de acuerdo, me decían que mi lugar estaba con ellos, apoyándolos en el negocio. Pero yo ya tenía tomada mi decisión y había ahorrado un dinerito para salirme de mi casa, sé que iba a sufrir y ellos también sin mi ayuda, pero les dije que también significaba una boca menos que alimentar y que yo me encargaría de mis gastos en la ciudad.

Mi madre me despidió con lágrimas en los ojos y mi padre no me quiso dirigir la palabra, ni siquiera se despidió y me fui sin hablarle. Esa acción me dolió en demasía, pero lo entendí, los estaba abandonando en un momento difícil, pero no podía quedarme a tratar de sobrellevar el presente cuando podía ofrecerles un mejor futuro. Ya en la ciudad fui aceptado en una universidad pública y combiné mis estudios con diversos trabajos, ya sea como mesero o realizando trabajos arreglando autos. Así fueron pasando los años, mi padre seguía sin hablarme, mientras mi madre me insistía en regresar. Pero seguí adelante hasta que me gradué y me titulé.

Uno de mis trabajos finales me permitió conseguir un buen trabajo en una automotriz muy famosa en México, con un sueldo bastante competitivo y el cual nunca hubiera visto estando en mi pueblo. Cuando fui a visitar a mis padres y compartirle de lo que había ganado, mi padre no me lo recibió, antes me abrazó y me ofreció disculpas, le dije que lo entendía y que no tenía nada de qué disculparse. Después insistí en que aceptara mi dinero.

Aquella decisión que tanto me dolió y que me distanció de mi familia, hoy me permite tener un buen puesto en la empresa automotriz, con un gran sueldo, el cual he utilizado para invertir en negocios propios y para mis padres, quienes quisieron quedarse en el pueblo, pero los apoyé para mejorar el negocio de mi papá y que mi madre pudiera poner el suyo de comida.