México tiene talento, sí, pero no sabemos aprovecharlo para beneficiar al país y no les damos las oportunidades suficientes para que sobresalgan y puedan tener una vida digna, por lo que las promesas de esta tierra deciden partir y poner rumbo a otros países para allá explotar sus habilidades y de paso recibir una remuneración económica acorde a lo que aportan.

Egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional o alguna otra institución privada terminan su preparación profesional con honores, menciones honoríficas, promedios extraordinarios, pero al enfrentarse al mundo laboral reciben trabas que les impiden ejercer, por lo que comienza la frustración y en cuanto tienen la posibilidad de irse a Estados Unidos, Europa o Asia, lo hacen, pues saben que en esos lugares valoran a las jóvenes promesas. Incluso muchas veces, las universidades extranjeras captan las habilidades de un joven y le ofrecen becas para que puedan seguir instruyéndose, que después se verán favorecidos en la invención de nuevas tecnologías, apoyo en sus industrias y desarrollo de los distintos hábitos humanos.

Esto es algo que algunos de los headhunter de las reclutadoras no logran hacer. Identificar los talentos que tienen muchos de los que se postulan para una vacante y simplemente los dejan ir, no sé con exactitud a que se deba, pero es algo que tendrían que cambiar para que las joyas de México no emigren y puedan seguir creciendo en su país y al mismo tiempo hacer más grande a su patria.

Les contaré la historia de un amigo, quien estudió ingeniería y al egresar de la universidad buscó empleo en la Ciudad de México y no fue contratado debido a que no contaba con experiencia, por lo que entró como asistente en un par de compañías pero se dio cuenta que la posibilidad para escalar puestos era escasa y tenía que esperar mucho tiempo, sin importar sus éxitos o aportaciones. Había plazas ocupadas por gente elegida por los altos mandos.

Ante la frustración de no obtener una paga digna, que le permitiera apoyar a su familia o independizarse, comenzó a buscar becas y entrar a concursos internacionales, fue en uno de éstos últimos que un integrante de la junta directiva de una Universidad en Estados Unidos le ofreció una beca, un cuarto y trabajo de medio tiempo para que pudiera enviar a su familia.

Allá tomó la carrera de mecatrónica, que más la que hizo en México amplió brutalmente su currículum y sus habilidades, y ganó algunos concursos. Después de terminar su preparación académica estuvo en el proceso de selección para formar parte de la NASA, pero en el último filtro, las dos vacantes fueron ocupadas por otras personas. Pero esto también le sirvió para que una compañía dedicada a mejorar la infraestructura del país de las barras y las estrellas lo contactara.

Ahora se dedica a mejorar las ciudades de nuestro vecino, a crear inventos que mejorarán la vida de los estadounidenses, además que tiene un sueldo que en México jamás hubiera visto ni ocupando el rango más alto en alguna empresa de gobierno.